COLUMNA DE LA CÁMARA: Ruth Tiscareño Agoitia *Se violan derechos humanos

*Se violan derechos humanos de los niños

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, el trabajo infantil es una violación a los derechos humanos fundamentales, habiéndose comprobado que entorpece el desarrollo de los niños y que potencialmente les produce daños físicos y psicológicos para toda la vida.

Hoy en día el número de niños y niñas menores que trabajan sigue siendo un fenómeno que no conoce fronteras y que ha encontrado en la globalización un aliado potencial para extenderse por todo el mundo, a pesar de la prohibición por las legislaciones nacionales e internacionales.

Lamentablemente nuestro país no es la excepción, aun cuando se forma parte de instrumentos internacionales como los Convenios 182, sobre las peores formas de trabajo infantil y el 138 sobre la edad mínima. Ambos de la OIT.

Así como los avances legislativos logrados, las estadísticas continúan demostrando la problemática que lacera a nuestra niñez mexicana.

De acuerdo con el Estudio de Módulo del Trabajo Infantil, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, establece que el número de niñas, niños y adolescentes entre cinco y 17 años de edad en el país ascendió a 29.3 millones de personas.

De este universo 3.2 millones, o sea, el 11 % realizaron trabajo infantil, siendo el 62.7 % hombres y el 37.3 mujeres.

Asimismo, señala que en el 2017 la tasa de trabajo infantil fue más alta en las áreas menos urbanizadas, con un 13.6 %.

A diferencia de las áreas más urbanizadas donde el trabajo infantil alcanzó el 7.6 % de la población de entre 5 a 17 años.

Menciona además que dentro de los motivos por los que trabajan los niños, niñas y adolescentes son el pago de la escuela y gastos propios, en un 22.1 %; el gusto por ayudar el 21.9; por aprender un oficio, 14.7 %; por pagar deudas, no estudiar u otra razón, el 12.8 %.

Y porque el hogar necesita su aportación económica el 10.7 %.

Sin lugar a dudas que el trabajo infantil en su forma de explotación continúa dañando nocivamente a la sociedad, y en específico a millones de niños, niñas y adolescentes mexicanos al negarles el acceso a la educación por su temprana inclusión a la actividad laboral.