COLUMNA DEL SENADO: Eduardo Ernesto Carrasco Zanini Castillo *Sexenio

*Sexenio con 60 millones de mexicanos en pobreza

Es necesario empujar un proyecto de Ley General para el Derecho a la Alimentación, con el propósito de definir en qué consiste este derecho fundamental y humano, cómo debe de ser su implementación, y cómo puede ser exigible y aplicable como lo son todos los derechos que establece la Constitución.

Si bien en nuestro país se han hecho muchos intentos para resolver el problema del hambre y la malnutrición con programas como Solidaridad, PRONASOL, PROGRESA, actualmente PROSPERA, así como la Cruzada Nacional contra el Hambre, estas acciones tuvieron una característica asistencial como programas sociales.

Los resultados de estas políticas son que aún no hemos reducido porcentualmente a la población en pobreza y pobreza alimentaria que teníamos en 1995.

Según datos del INEGI y el CONEVAL, en México existen 58 millones de mexicanos en condiciones de pobreza y se estima que al final de esta administración se tendrán 60 millones de mexicanos en esta situación.

Además, en México tenemos casi el doble de población en pobreza alimentaria que el porcentaje mundial, afectando al 23.6% de la población en nuestro país; es decir, 28 de los 122 millones de mexicanos carecen de una alimentación adecuada y suficiente.

Por otro lado, el hambre tiene un claro rostro rural en donde 20 de los 28 millones de mexicanos considerados en pobreza alimentaria viven en el campo y en más de 190 mil comunidades rurales.

Hay razones bien fundamentadas para argumentar que se requieren políticas públicas alimentarias para combatir dos grandes contrasentidos que el modelo agro-importador ha impuesto en nuestro país: que ahora gastamos más en importar alimentos que en producirlos; y que siendo el campo en donde se producen los alimentos, sea ahí donde se concentre el 80% de la población con hambre.

Por ello presentamos la iniciativa que busca promover y favorecer, con los programas públicos, la producción social y local de alimentos, cambiando el paradigma y la perspectiva de que será el mercado internacional quien dé la solución a la crisis alimentaria, lo que permitirá recuperar formas y modelos de producción local que faciliten que la producción familiar, multimodal, multifuncional y campesina produzca sus propios alimentos.