COLUMNA DEL SENADO: Luis Humberto Fernández Fuentes

*“Revolución de Seda”

Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión y un llamado y es finalizar una etapa en la cual se ha dado una confrontación institución e intensa. Y para hacerlo, quiero llamar a la memoria a la que fue llamada la “Revolución de Terciopelo”, en Praga, en la cual se dio un cambio sin precedente, trascendente, pero sobre todo de manera pacífica.

Hoy podríamos decir que en México estamos viviendo al “Revolución de Seda”, ya que se logra un cambio más trascendente incluso en cuanto al movimiento de las posiciones, pero con mayor tranquilidad y en un ambiente completamente pacífico.

La inmediatez de los hechos en muchas ocasiones no nos permite darle la dimensión a los cambios políticos y sociales, éste es el caso de la elección del domingo, que podrá significar uno de los cambios del poder más importantes de nuestra historia, el margen por el que gana el candidato la mayoría en la Cámara de Senadores, Diputados, congresos locales, gubernaturas, presidencias municipales, da la masa crítica para emprender un gran cambio que lleva implícito también una gran responsabilidad.

Esta elección, pero también significa continuidad del régimen constitucional a través de una elección mayoritaria pacífica, el reconocimiento por parte de los adversarios, por el Presidente de la República, todos generosos e institucionales, y también hay que decirlos, corteses; algunos pocos mezquinos e intrascendentes destilaron odio, afortunadamente los menos.

Algo nos dice, algo vemos en esto que no se dice a diario, es que la clase política mexicana estuvo a la altura y mostró grandeza.

Y quiero poner el acento en la belleza institucional que implica la gran participación, la gigantesca movilización ciudadana que hizo efectiva la operación de la elección, la belleza institucional de que una elección ayude a resolver conflictos, no a profundizarlos.

Nos ha tocado un momento de hacer historia, en el que confirmamos la vocación democrática, demostramos que el sistema funciona y puede funcionar mejor. Debe ser una fiesta, no de quien ganó la elección, es una fiesta de los ciudadanos; con esta elección prestigiamos a nuestra nación como un Estado sólido y democrático capaz de iniciar una época de prosperidad y de paz.

Se enfrentan grandes retos a la democracia que no han sido superados, como la violencia, la corrupción, y no podemos obviar las amenazas, los asesinatos y la avalancha de recursos, pero esto hace más grande el éxito de una elección pacífica y mostrarnos al mundo y a nosotros mismos que somos capaces de tener una elección en paz y ser una de las democracias más grandes del mundo.

Esta elección nos mostró que la maldad puede ser ineficaz, que quien metió dinero ilegal perdió la elección y perdió el dinero. Hay grandes logros, hay que reconocerlo, pero también el Estado mexicano no fue diseñado para una vida democrática y ética y después, al final del día, el país no se pacificó después de la revolución a balazos, se pacífico con corrupción y elecciones arregladas.

El camino ha sido largo y sinuoso, hoy tenemos la confianza de que hemos dado un gran salto hacia delante en la construcción de una democracia todavía en obra.