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Llegan, explotan las minas, producen riqueza, se la llevan y dejan pobreza y pueblos “fantasmas”

En México hay estados en los que históricamente se ha llevado a cabo la actividad minera, en los cuales se pueden encontrar sitios mineros abandonados a los que, en algunas ocasiones, se les llama “pueblos fantasmas”.

Pero ¿por qué están en esa situación?, ¿cómo fue ese proceso?, ¿quiénes los habitaron y adónde se fueron?, y ¿qué se pretende hacer con estos sitios?, son algunas preguntas sobre aspectos que no han sido estudiados ampliamente sobre el tema.

Para tratar de identificar qué sucede con los sitios mineros y con la vida de sus pobladores después de que termina la actividad minera, tanto en sitios en los que se han hecho o se están realizando trabajos de cierre, como en aquellos que han sido abandonados, Letizia Odeth Silva Ontiveros, del Instituto de Geografía de la UNAM, trabaja en un proyecto en el que uno de los objetivos es rescatar la historia de estos lugares.

El proyecto La vida después de la mina. La situación de los sitios mineros en torno al cierre o abandono de la minería, por el que Silva Ontiveros se hizo acreedora a una de las Becas para Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales 2018, que otorga la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, se centra en la necesidad de averiguar el estatus real de las actividades en los escenarios descritos.

La doctora en geografía, que tiene entre sus líneas de estudio el paisaje y patrimonio minero industrial, dijo en entrevista que, si bien son varios los factores que influyen en el cierre de los sitios mineros —entre ellos que los minerales se agoten, la baja en el precio de los metales o la existencia de algún conflicto social—, el proyecto está enfocado en los casos en los que las empresas deciden que ya no es factible extraer los recursos mineros y terminan con las actividades.

Entre los objetivos de la investigación está revisar el procedimiento de cierre de las minas que se van a estudiar y el tratamiento que se les da a los suelos y residuos mineros; tomar casos específicos que muestren experiencias de poblaciones en donde la minería se desarrolló históricamente de manera exclusiva para conocer qué actividades productivas se adoptaron una vez que terminaron las labores mineras; así como rastrear información sobre la situación actual de los sitios mineros declarados cerrados o en abandono, explicó Silva Ontiveros.

Como parte de la metodología que utilizará la investigadora está el trabajo de campo, que consistirá en visitas a pueblos mineros ubicados en tres estados del país: Sonora, Chihuahua y Zacatecas.

De las seis minas que serán parte del estudio cuatro están ubicadas en Sonora: Pilares de Nacozari, en Nacozari de García, que fue abandonada; La Choya, en el municipio de Quitovac, un caso exitoso de cierre a finales de la década de 1990, de acuerdo a la Cámara Minera de México y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, por lo que se pretende revisar in situ, la situación actual y la experiencia de la misma población en los trabajos de cierre a casi veinte años del término de actividades mineras.

Además de La Colorada y Álamo Dorado, la primera cerca de la ciudad de Hermosillo, y la segunda, en el municipio de Álamos, las dos están activas, pero están desarrollando un plan de cierre, por lo que se vuelve necesario averiguar cómo es la comunicación con las comunidades por parte de las empresas, en qué normativas se basan para presentar su plan de cierre, y cuál es la percepción de la población.

Las otras dos minas contempladas en el proyecto son Aránzazu del Cobre, ubicada en Concepción del Oro, Zacatecas, en la que se abandonó la actividad y no se hizo trabajo de cierre; y Naica, en Chihuahua, que se encuentra en suspensión debido a los obstáculos técnicos que no han permitido continuar con las actividades mineras.

“El caso de la mina de Naica es interesante porque no hay claridad legal de cuánto tiempo puede estar así, sin que se declare un cierre o sin que se abandone la actividad minera, de ahí que quiero analizar qué sucede con la parte legal y qué va a pasar con la población”, puntualizó la especialista.

Para complementar la información de los recorridos por los diferentes sitios de estudio, la metodología que va a implementar Silva Ontiveros en impacto social y socio ambiental de mega proyectos, en particular minería, llevará a cabo entrevistas a profundidad con la población que ha enfrentado este proceso de cierre o de abandono, aplicará encuestas y hará identificación de cartografía histórica.

Y para los lugares en fase de cierre, revisará sus archivos y normativas, entrevistará a funcionarios y si es posible a directivos o empleados de las empresas y quienes estén encargados de la planeación de cierre de la actividad minera.

Letizia Odeth Silva Ontiveros comentó que en vista de que la investigación se centra en esclarecer, por un lado, normativas, legislaciones y acuerdos oficiales sobre el proceso de cierre, y por otro, en observar directamente en los sitios la percepción de las poblaciones ante el cese de la minería, a futuro puede tener un impacto en el desarrollo de políticas públicas para atender la situación de los sitios mineros tras el cierre o abandono de esta actividad.