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Todas las verdades fueron soñadas por alguien antes de ser demostradas

El descubrimiento de los biomorfos de sílice y carbonato, que hace referencia al autoensamblaje de estructuras minerales complejas, representa la mayor aportación del trabajo científico del español Juan Manuel García Ruiz, siempre interesado en la cristalografía por sus fronteras con la vida, el arte y el pensamiento.

El profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, uno de los cristalógrafos más reconocidos a nivel mundial y miembro correspondiente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), explicó que de estos minerales tan simples, arena y cal, le maravilló su acoplamiento, que da origen a estructuras asombrosamente similares a las que crea la vida, y este “es un fenómeno muy importante para la fabricación de nuevos materiales nanocristalinos”, pero no solo eso, “también para la detección de vida primitiva y del origen de la vida”.

Desvelar el misterio de la formación de los cristales gigantes en la Mina de Naica, ubicada en la localidad de mismo nombre en el estado de Chihuahua, o formular la teoría y uso de la cristalización en geles y en microgravedad (en el espacio), son otras de las contribuciones destacadas de este geólogo sevillano.

El acercamiento a la ciencia

Además de jugar, José Manuel García recuerda que en su infancia también disfrutaba de leer, pensar y analizar. Sus padres lo enviaron con 14 años a la Universidad Laboral de Alcalá de Henares, donde todos sus cursos los hizo con el apoyo de becas y tuvo oportunidad de convivir con otros jóvenes estudiantes venidos de toda España, que después de 50 años aún se siguen reuniendo cada año.

“Era una institución ejemplar para su tiempo; teníamos laboratorios de todo tipo. Uno de los excelentes profesores que tuve me descubrió la cristalografía y entonces supe que me dedicaría a explorar ese mundo de simetrías, pero como muchos estudiantes experimenté la duda enorme entre elegir ciencias o humanidades”, relató.

Pero al hablar de escuelas, enseñanza y aprendizaje, García Ruiz comentó que no ha entendido hasta ahora que en los colegios haya áreas que se conviertan en departamentos estancos, secciones sin aparente relación del resto del conocimiento. “Hay que borrar esas barreras entre ciencias, humanidades y tecnologías o, al menos, fomentar una mayor interacción entre ellas”.

La divulgación

La mayor satisfacción que tiene García Ruiz al momento de enseñar, compartir sus saberes y explicar a detalle los descubrimientos que ha conseguido es, sobre todo, hacerse entender. “Pongo todo mi empeño en ello. Cuando escribo divulgación científica pienso en tres personas de muy distinto nivel de educación, inteligentes y sensibles, pero que no tienen nada que ver con la ciencia, para ellas escribo y lo hago con la esperanza de que me comprendan, porque si lo logro sé que muchas más me van a entender”.

En este sentido, el investigador sostuvo que todos los que se dedican a la investigación científica tienen la obligación de mostrar los logros alcanzados, o lo que se busca obtener con la generación de conocimiento y que se hace con el uso de recursos provenientes de los impuestos. “Pero un excelente científico no tiene por qué ser un buen divulgador. Y viceversa”, reconoció.

El cristalógrafo admitió que hacer divulgación requiere de tiempo y esfuerzo, y de cierto talento. Por eso consideró conveniente “que colegas que tienen esa capacidad y habilidad se dediquen profesionalmente a hacer accesible el conocimiento a la sociedad. En mi caso, puedo asegurar que me ha costado más trabajo escribir el guion para el documental `El Misterio de los Cristales Gigantes´, que cualquier artículo en revistas del mayor impacto”.

Sin embargo, García Ruiz apuntó que decir qué se tiene que hacer o dar consejos a alguien es poco útil “porque cada persona es un mundo y tiene su mundo”. En ciencia, en particular, agregó, todas las verdades fueron soñadas por alguien antes de ser demostradas y en este contexto cito al poeta sevillano Antonio Machado, quien decía: “Se miente más de la cuenta por falta de fantasía; la verdad también se inventa”.

Otras pasiones

Además de la investigación, al prestigiado científico le emociona la existencia, “¡la vida!”, más cuando sobrevivió a una operación a corazón abierto. Durante su estancia en el hospital, recordó en la entrevista para la AMC, que la noche anterior a su intervención su compañero de habitación le preguntó si tenía miedo, “le respondí que más que miedo a morir, me daba pena y tristeza, porque disfrutaba de la vida, de tocar la guitarra, leer, escribir, oír flamenco y música popular; compartir con los amigos, la familia… y pensar”.

Es por ese pensamiento soñador que García Ruiz ha logrado concretar varios proyectos. En el año 2010 el gobierno español convocó a la comunidad científica del país a realizar grandes proyectos de investigación. Para entonces ya había creado el Laboratorio de Estudios Cristalográficos en Granada y consideraba que hacía falta una estructura más amplia a nivel nacional para lanzar definitivamente la cristalografía en España.

“Nos pusimos de acuerdo más cien doctores de siete laboratorios de distintos lugares, nos presentamos a dicha convocatoria y la ganamos. Con esa financiación creamos nuevos laboratorios, un máster internacional, un concurso de cristalización en la escuela, patentes, empresas, etcétera. Este hecho marcó un antes y un después en la cristalografía española”, apuntó.

El sueño de mi vida

Recientemente el investigador consiguió del prestigioso European Research Council una dotación de recursos para emprender Prometheus, “el proyecto que soñé toda mi vida”. Ahora podrá investigar si las estructuras que descubrió, los biomorfos de sílice y carbonato, son puramente inorgánicas pero que imitan la forma y las texturas propias de la vida, si se formaron cuando el planeta era yermo, y si fuera así, estudiar si tuvieron algo que ver con la transición entre el mundo mineral inorgánico y los primeros estadios de la vida.

“Buscamos muestras de biomorfos de sílice y carbonato en lugares específicos, extremos y remotos del planeta, por ejemplo, en Omán, Etiopía y Kenia, y las analizamos en el laboratorio en presencia de simples compuestos orgánicos. Los resultados ya son fascinantes y aún más prometedores”, expuso el miembro correspondiente de la AMC.