COLUMNA DEL SENADO: Cecilia Margarita Sánchez García *Exigimos freno

*Exigimos freno al saqueo de manglares

Exhortamos a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales; a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente; y a la Secretaría de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático del Estado de Campeche para que coordinen y refuercen las políticas para frenar el saqueo y deforestación de los manglares a lo largo del litoral del estado, de conformidad con lo establecido en la Ley General de Vida Silvestre.

Los manglares son importantes desde el punto de vista biológico, económico y social, al ser zonas de alimentación, refugio y crecimiento de crustáceos y alevines que funcionan como hábitat de apoyo a las pesquerías de la plataforma continental, por lo que sostienen una elevada producción pesquera; son fuentes leña para el hombre y poseen un alto valor estético y recreativo.

Además, los manglares actúan como sistemas naturales de control de inundaciones en la zona costera, así como barreras contra huracanes e intrusión salina; controlan la erosión y protegen las costas, mejoran la calidad del agua al funcionar como filtro biológico removiendo nutrientes y toxinas.

Una estimación del Banco Mundial señala que, si los manglares no existieran, 18 millones de personas sufrirían los impactos de las inundaciones anualmente, lo que representaría daños por 82 mil millones de dólares, aproximadamente un billón 550 mil 948 millones de pesos.

Asimismo, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) señala que de los 125 países que tienen manglares, México es uno de los cinco con mayor extensión con 774 mil 90 hectáreas, distribuidas en las costas de 17 estados, lo que representa el 5 por ciento de la cobertura total mundial.

De acuerdo con la información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) el 54% de los manglares de México están en la Península de Yucatán con 421 mil 926 hectáreas.

Entre las alteraciones humanas se pueden citar las pérdidas creadas por la conversión de manglares a zonas de ganadería, camaronicultura, agricultura, urbanización (principalmente desarrollos turísticos) y usos forestales, los impactos resultantes del vertimiento de aguas negras, lavado de tierras agrícolas, impacto directo del desarrollo urbano y la construcción de canales, diques y caminos.