LUCHA: Por Octavio Aristeo López

*Gobierno como agente de cambio

Desde Aristóteles existen estudios de tipologías de regímenes políticos, entre ellos está el autoritario, totalitario y democrático; en cada uno de ellos existen gérmenes de los tres regímenes políticos mencionados, uno de ellos predomina, pero los demás esperan las circunstancias adecuadas para su desarrollo.

Unos luchan por un régimen democrático dentro de un régimen totalitario; otros quieren un régimen autoritario dentro de un régimen totalitario; aquellos, quieren un régimen totalitario dentro de un régimen democrático, así, es una lucha permanente.

El gobierno en un régimen existente democrático, totalitario o autoritario, en una situación de descontento potencial, tiene cinco opciones para actuar: 1) anticiparse a la acción del adversario, 2) permanecer inactivo, 3) encarar reformas parciales, 4) reprimir , 5) desviar la atención hacia un enemigo interno o externo.

Estas acciones observamos en los gobiernos cuando quieren resolver un problema: a largo plazo solo tienen éxito los que se anticipan a la acción del adversario, necesitan de estrategia; las reformas parciales no satisfacen el descontento social, por ello deben ser más profundas y drásticas; la represión tiene éxito a corto plazo y es un peligro para los gobernantes porque fortalece la oposición del gobernante y estimula el odio.

La inactividad es síntoma de debilidad o arrogancia, que tiene efectos desestabilizadores, por ello no debe mostrar temor ni miedo en la toma de decisiones; desviar la atención, es decir, la distracción es una estrategia de corto plazo, solo el sentimiento nacionalista es de largo plazo. Estos mecanismos varían de una situación a otra dependiendo de las circunstancias y de los actores.

Supongamos que existe un gobernante como agente de cambio para mejorar la situación de la mayoría de la sociedad, al comienzo realiza esfuerzos mayores para comprometer a otros reacios al cambio, porque está en juego su integridad y la credibilidad del gobernante, por ello, la comunicación es muy importante entre la sociedad y el gobierno.

Entonces, el gobernante se ve impulsado a convocar a otros por la promesa de cargos públicos, otros se adhieren cuando observan que la acción es eficaz, y los demás, se integran por solo el hecho de buscar el cambio.

Es el momento que empieza a observarse la construcción de un nuevo régimen político, antes no; pues parece necesaria la represión o negociar con sus opositores para seguir gobernando, es donde nuevamente está en estado de reposo e incubación el nuevo cambio, por lo que son tiempos de decisiones y acciones, y aguantar las presiones cuando no existe castigo.

Es la ocasión en que las reformas requieren legitimidad no solo legalidad, porque existen resistencias que la legalidad no puede resolver; la legalidad permite que la oposición aumente cuando no existe legitimidad se convierte en un efecto de bola de nieve, por lo que la población al adherirse al movimiento del cambio da legitimidad y legalidad.

Durante el proceso de cambios algunos se van o se retiran, buscan otro cambio o la eficacia instrumental que lo justificaba disminuye; entonces, al relajarse el cambio aumenta la burocracia. Siempre se lucha por algo, el botín viene más tarde, es lo que esperan como recompensa.

Mientras en la ira está el guerrero enardecido. Incluso, la ultraderecha violenta si es justa puede servir a los oprimidos en la lucha de clases; como manifestantes no privilegiados y excluidos son agentes políticos organizados con agendas claras y protestan como reacción a su misma protesta, por lo que, lleva una carga de frustración y presenta al régimen autoritario como un régimen democrático o un gobierno democrático como una tiranía.

Por ello, en la dinámica del cambio no existe una cantidad suficiente de miembros que siguán en la lucha, si no reciben castigo o recompensa. Al entrar en este proceso, las reacciones del régimen existente entran en juego en las diferentes formas que ya hemos visto.

Esta puede ser una descripción rudimentaria de una realidad política de un gobernante que busca el cambio, pero un mundo sin manifestaciones heroicas no tiene significado; el héroe se entrega a la prueba de la acción y obras justas, por lo mismo, no son los aparatos técnicos los que hacen a un héroe, sino su potencial mental y espiritual al realizar obras memorables sociales.

Ante un pueblo lleno de ira, está rodeado de ira y es azotado por la ira, es su derecho porque los gobernantes deben algo, y existe el impulso suficientemente fuerte para realizar acciones temerarias, es el momento; sin embargo, no es la ira sino la astucia la que somete, la que persuade; la ira no tiene futuro ante la astucia, la fuerza es sometida por la inteligencia.

El gobierno tiene la fuerza, y tiene que dar un mensaje de fuerza, pero el agente del cambio no es dominado solo por la pasión, porque existe la razón; los actores políticos controlan sus pasiones por medio da la razón, para ser agente del cambio.

De aquí, la aportación del pensamiento político de Jesús Reyes Heroles a la democracia, como agente de cambio, político respetado por la clase política mexicana e intelectuales en todos los tiempos, y sin este pensador mexicano no podemos entender por qué se construyó la democracia actual en México, entender las bases de la democracia de nuestro país, la democratización en México a partir de la reforma electoral de 1977.

“Para ejercer con vocación y acertadamente la actividad política se requieren las tres ces: corazón, cabeza y carácter. Corazón para sentir los problemas colectivos como si fueran propios, para convertirlos en metas vitales; cabeza para, con frialdad y serenidad, eludir obstáculos y vencer resistencias, calcular riesgos, sobre todos los riesgos de la colectividad en las que se influye, y carácter para no intimidarse ante las incomprensiones, los ataques y las maniobras, para no asustarse ante los problemas y, menos, ante las soluciones exigidas por los mismos problemas. Ciertamente que estos son requisitos para poder entrar de lleno en la actividad política”.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

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