*Despojo, inseguridad y negligencia oficial en la propiedad
Cuál si se tratara de un asunto novedoso o reciente, tanto políticos y periodistas han abordado el problema de la tenencia de las tierras, casas, fincas u otras propiedades inmobiliarias como un problema a resolver, cuando tiene casi 80 años que lo padece la capital del país.
Para no perdernos en detalles eruditos, le recuerdo que según Wikipedia: “Durante el gobierno del Jefe del Departamento del Distrito Federal, Fernando Casas Alemán, (1947), se inician las invasiones de terrenos ejidales y particulares en el Distrito Federal por el método conocido localmente como paracaidismo, iniciando con la colonia del Periodista, en el pueblo de Iztapalapa”.
Según la misma fuente fue el 23 de febrero de 1948 cuando “se regulariza la posesión de tierras tomadas por grupos de invasores de tierras ejidales y particulares, conocidos popularmente como paracaidistas, por medio de expropiaciones, las cuales en muchos casos nunca se pagaron”.
Para no ir más lejos la invasión de los Pedregales de Santo Domingo en Coyoacán, ocurrida durante la noche del 3 al 4 de septiembre de 1971, (después del primer informe presidencial de Luis Echeverría Álvarez), es considerada la mayor invasión individual de tierras en la historia de América Latina.
Dicha ocupación ilegal comprendió a decenas de miles de personas "paracaidistas" ocuparon simultáneamente un terreno ejidal y comunal sobre roca volcánica de más de 2 millones de metros cuadrados*.
Durante todo el sexenio de Echeverría, López Portillo y Miguel De La Madrid continuaron las invasiones en las distintas delegaciones del D.F.
Posterior a los sismos de 1985 quedaron miles de inmuebles dañados, intestados o abandonados en las delegaciones Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero. Esto detonó oleadas
masivas de ocupaciones irregulares lideradas por asambleas de barrios y frentes populares urbanos.
En el caso del Centro Histórico alrededor de 300 edificios antiguos y catalogados de las colonias Centro, Roma y Guerrero han registrado “invasiones hormiga” masivas destinadas a convertirse en bodegas de comercio ambulante o vecindades controladas por organizaciones delictivas.
Y eso sólo por mencionar algunos de los casos más representativos de ese fenómeno delincuencial que como señalé nos viene acompañando desde hace unas cuantas décadas. Y es hasta ahora que se ha empezado a hablar sobre la recatastración de inmuebles y actualización de las tasas de predial a nivel nacional para tratar de equilibrar las finanzas públicas que sorpresivamente todo mundo parece sorprenderse sobre los enormes problemas que aquejan a los poseedores de una finca o una casa.
Para el año 2000, se estimaba que más de la mitad del suelo urbano habitado en delegaciones periféricas como Iztapalapa, Tlalpan, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta se había originado mediante procesos de ocupación irregular o compra fraudulenta de terrenos ejidales**.
¡¡Aay Uruchurtu!! ¿Por qué te juites?
La razón de ese brinco en las invasiones en la capital se debió a un personaje sinigual, a quien deberíamos estar más que agradecidos; Don Ernesto P. Uruchurtu quien fue Regente de la Ciudad del 1 de diciembre de 1952 al 14 de septiembre de 1966.
Durante esos casi 14 años en el Distrito Federal se acabaron los “paracaidistas”, pasó de ser un pueblucho grandote para ser la orgullosa Ciudad de México; se construyeron más de 120 mercados, casi 200 escuelas, decenas de avenidas así como el Anillo Periférico, la iluminación de la metrópoli y decenas de parques y jardines, los colectores y el entubamiento de la mayoría de los ríos aledaños a la capital de la República.
Con Uruchurtu varias obras contribuyeron a la modernización de nuestra ciudad como el entubamiento de los ríos Consulado,
Churubusco y de la Magdalena, la renovación de la calzada de Tlalpan, la planeación de la ampliación del Periférico, la ampliación del Bosque de Chapultepec , así como las Unidades habitacionales San Juan de Aragón y del Peñón, entre otras.
Limpió de criminales, rateros, malvivientes y rufianes de toda casta y ralea la Candelaria de los Patos. Algo que para la época se consideraba imposible, igual que ahora limpiar Sinaloa de narcos y criminales.
Obviamente Don Ernesto como buen hombre nacido en la Sonora pre-revolucionaria de 1906, no aceptaba los cambios “modernos” de los bohemios, los borrachines, las desenfrenada(o)s, ni cosas por el estilo; mandó taparle las nalgas a La Diana Cazadora, clausuró todos los cabarets famosos , incluyendo al Waikiki y el Salón México (entre muchos otros),combatió el género vodevilesco en el teatro, prohibió besarse en la calle, decir piropos, los desnudos en escena y en las películas, disminuyó los horarios de cantinas, cabarets y salones de baile. Algo imperdonable para la rufianesca que ahora nos gobierna.
La caída de Uruchurtu fue una decisión tomada por el presidente Díaz Ordaz el día de la inauguración del Estadio Azteca tras el abucheo que recibió por llegar deliberadamente una hora y media tarde aquel 29 de mayo de 1966, donde a la entrada había una manifestación con más de 4 mil pobladores que habían comprado a 12 pesos por metro cuadrado de terreno a fraccionadores clandestinos y que habían sido desalojados por la policía capitalina meses antes.
Lo anterior a pesar que “la misma Presidencia de la República le hubiese concedido el permiso para desalojar a los colonos en las inmediaciones del Estadio Azteca.”***
Así que cuando un hombre sabe gobernar no se amilana por la conveniencia ni se arrodilla frente al error ajeno, lo más destacable es renunciar con dignidad como lo hizo.
Por algo Don Manuel Mondragón y Kalb un hombre que conoce mucho mejor la CDMX que muchos de los fantoches que ahora pretenden gobernarla, advirtió esta semana en su columna de El Universal (18/10/26): “Despojo inmobiliario en México y la Ciudad de México, delito antiguo y una respuesta institucional tardía”. En donde sin ambages denunció: “Entre enero de 2025 y junio de 2026 se abrieron 44 mil 343 carpetas de investigación por despojo en el país. El Estado de México y la Ciudad de México concentraron el 31.1 por ciento del total. La concentración de este ilícito en la zona metropolitana exige coordinación entre fiscalías, catastros, registros públicos, notariado y autoridades locales”.
Y más: “En la Ciudad de México la presión de los afectados ha logrado hacer visible este delito y generado una reacción tardía por parte de las autoridades. De enero a junio de 2026, el registro del Secretariado Ejecutivo superaba mil 900 carpetas en la capital. Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Coyoacán y Benito Juárez figuraban entre las demarcaciones con mayor incidencia.
Estas cifras contradicen la idea de hechos aislados. También explican por qué las víctimas cuestionan ahora la lentitud para asegurar y restituir inmuebles, así como la tendencia histórica a reducir el problema a controversias entre particulares.
Que conste que esto ya lo habíamos mencionado en columnas anteriores.
¡¡Qué lástima que ya no hay hombres como Don Ernesto P. Uruchurtu!! ¡¡Qué falta nos hacen!!
*https://www.jstor.org/content/oa_chapter_monograph/j.ctvhn0dc9.7?seq=3
**https://www.google.com/search?q=cuantas+invasiones+de+predios+hubo+en+el+D.F.+entre+1970+y+2000&
***https://www.eluniversal.com.mx/opinion/mochilazo-en-el-tiempo/el-regente-que-cayo-por-la-construccion-del-estadio-azteca/