Por Jeremy Veillard y Daniela Romero

(Del Banco Mundial para grilla en el Poder) La salud mental representa un importante desafío de salud pública y un problema económico y social crítico para los países de América Latina y el Caribe (ALC), particularmente luego de la pandemia de COVID-19.

La salud mental y los trastornos por consumo de sustancias, junto con el suicidio, se han convertido en las principales causas de mortalidad, morbilidad y discapacidad en la región. Esta carga afecta de manera desproporcionada a los jóvenes, con más de 10 adolescentes que pierden la vida por suicidio cada día.

Las consecuencias sociales son profundas, pero también lo son las económicas: sólo los costos asociados con los trastornos mentales de los jóvenes superan los USD 30 000 millones anuales en pérdidas de productividad y gastos de atención médica en América Latina y el Caribe.

El Informe Mundial sobre la Salud Mental: Transformar la salud mental para todos (2022) de la OMS destaca que la depresión y la ansiedad por sí solas cuestan a la economía mundial aproximadamente USD 1000 millones anuales en pérdida de productividad, principalmente debido al ausentismo, el presentismo (trabajar mientras no se está bien) y la reducción de la capacidad laboral.

A pesar de estas cifras alarmantes, el gasto público en salud mental sigue siendo sorprendentemente bajo, con sólo el 2 % del total de los presupuestos de salud destinados a este fin. Abordar estas enormes brechas requiere decisiones de inversión estratégicas e informadas, junto con enfoques innovadores en la prevención y la prestación de servicios (documento en inglés).

Cookies user preferences
We use cookies to ensure you to get the best experience on our website. If you decline the use of cookies, this website may not function as expected.
Accept all
Decline all
Analytics
Tools used to analyze the data to measure the effectiveness of a website and to understand how it works.
Google Analytics
Accept
Decline
Unknown
Unknown
Accept
Decline
Save