Por Raúl Parra

(dpl news) Como casi todo en la actualidad, el ingreso básico universal (conocido mundialmente por las siglas inglesas UBI, de Universal Basic Income) tiene unos orígenes hispánicos. Si con El Quijote, Cervantes inventó la modernidad, el humanista español Juan Luis Vives fue el primero en proponer entregar una cantidad incondicional a las personas en su libro Tratado del socorro a los pobres, de 1526.

Dos centurias después, en el siglo XVIII dos Thomas se erigieron como los máximos proponentes del concepto hasta entonces: Thomas Paine, quien lo llamó el ingreso mínimo garantizado, y Thomas Spence.

Ambos, sin embargo, no están desvinculados, sino estrechamente relacionados, ya que Spence escribió en respuesta a Paine y el decenio de 1790 fue de gran turbulencia, tal como ahora.

En términos políticos, el ingreso básico universal tiene la cualidad de seducir, por igual, a exponentes de ambos lados del espectro. Así, ha cautivado por igual a figuras en apariencia tan antitéticas, como Millton Friedman y Martin Luther King, que Friderich Hayek.

Bertrand Russell, el eminente filósofo y matemático inglés, lo vio como un medio para garantizar la libertad individual en ausencia de propiedad privada de los medios de producción.

Los exponentes modernos

Esa trayectoria intelectual y pública se extiende hasta nuestros días, con dos de los mayores tecnólogos contemporáneos, los que probablemente sean los dos fundadores más influyentes del siglo XXI, Elon Musk y Sam Altman.

Ambos fueron socios, como cofundadores en 2015 y primeros copresidentes de OpenAI. Pese a que Musk renunció en 2018 y actualmente sostienen un litigio por el destino de la organización, ambos están de acuerdo en algo: la necesidad de un ingreso básico universal.

Paradójicamente, o quizás precisamente por eso, ambos son fundadores de los proyectos más emblemáticos que amenazan el empleo: Musk, que con los vehículos autónomos y los robots de Tesla peligra los puestos de conductores y obreros, respectivamente; mientras que con ChatGPT y sus múltiples modelos amenaza a una gran variedad de oficios.   

Altman, antiguamente conocido por su papel como presidente de Y Combinator ―la principal aceleradora de Silicon Valley y, quizás, la más famosa del mundo―, lleva años fascinado por esta idea.

De hecho, su respaldo público puede rastrearse, como mínimo, hasta hace una década: “Estoy bastante seguro de que, en algún momento del futuro, a medida que la tecnología siga eliminando empleos tradicionales y se genere una enorme riqueza nueva, veremos alguna versión de esto (Basic Income) a escala nacional”, escribió Altman en 2016.

Mientras que, el mismo año, Musk asentó: “Es muy probable que terminemos adoptando una renta básica universal, o algo similar, debido a la automatización. Creo que eso es lo que sucederá. La gente tendrá tiempo para hacer otras cosas: cosas más complejas, más interesantes. Sin duda, más tiempo de ocio”.

A inicios de 2022 ―previo al lanzamiento de ChatGPT―, Altman hipotetizaba sobre un sistema cripto que brindara un mecanismo para darle una moneda a cada persona del planeta, en una red gigantesca en la que todos creyeran que permitiera la redistribución fuera del control gubernamental.

Un año más tarde, la hizo realidad: a fines de julio de 2023 comenzó el despliegue de Worldcoin, la startup de identidad digital fundada junto a Alex Blania, de la que ambos auguraron que, si fuera exitosa, “podría aumentar drásticamente las oportunidades económicas y, con el tiempo, mostrar una vía potencial hacia un ingreso básico universal financiado por la IA”.

Al parecer, Altman se retractó y en su última declaración pública al respecto, le dijo “Ya no creo en el ingreso básico universal tanto como antes”, al CEO de The Atlantic, Nicholas Thompson.

No obstante, Musk, quien se ha erigido como su némesis ―y quizás precisamente por eso― se ha mantenido optimista, e incluso ha elevado el tono del discurso, al grado de que hoy ya no habla de ingreso básico (basic), sino de ingreso alto (high).

Elon Musk en X: “Universal HIGH INCOME via checks issued by the Federal government is the best way to deal with unemployment caused by AI. AI/robotics will produce goods & services far in excess of the increase in the money supply, so there will not be inflation.” / X

Sin embargo, la aceptación de este discurso no es unánime: el investigador canadiense Jean-Christophe Bélisle Pipon advierte que la defensa del UBI por parte de los tecnomillonarios de la IA puede interpretarse como una “maniobra estratégica para anticiparse a posibles reacciones adversas frente a los riesgos y las externalidades negativas que conlleva la IA, tales como la pérdida de empleos o la polarización laboral”. E incluso denuncia que se trata de un acto de violencia simbólica. 

Geopolítica, fronteras y cómo financiarlo

Sin embargo, esta propuesta no es inocua. También involucra a los problemas perennes de los que se ha ocupado la economía política desde sus orígenes, como son el eterno dilema entre territorio y control.

El adjetivo universal del nombre no se refiere a ‘de todo el mundo’, sino al hecho de otorgarle el pago a todas las personas sin distinguir su condición o posición social. Sin embargo, tal como señala el economista catalán Daniel Raventós, uno de los mayores promotores y divulgadores contemporáneos del concepto en lengua española, el subsidio no impone ninguna condición además de la ciudadanía o la residencia acreditada, por lo que remite a la delimitación clásica del Estado-Nación.  

Es por ello que el semanario británico The Economist vaticina que muy probablemente la introducción del UBI terminaría con las fronteras abiertas, porque cada Estado tendría su propio programa y la gente se trasladaría a los países que ofrecieran más ventajas, lo cual, hipotéticamente desataría una crisis migratoria más grave de las que actualmente se viven en Ceuta, en el Mar Mediterraneo, o en América Latina, como consecuencia del éxodo venezolano de la última década.  

Ahora, parecería una ironía que, de los más de 100 pilotos que se tienen registrados alrededor del mundo, los que más se destaquen sean los de Brasil, India y Sudáfrica, todos ellos países aliados en los BRICS, proclives hacia la izquierda y donde hay programas de transferencias de efectivo, como en México, donde han sido muy criticados.

Es innegable que el mundo atraviesa un cambio tecnológico sin precedentes, y la automatización y la robótica avanzan de manera persistente y acelerada, sobre todo en la manufactura, por lo que el ingreso básico universal es una de las grandes ideas del siglo xxi, 

y sus teóricos y defensores incluso la equiparan la fin de la esclavitud, la igualdad entre hombres y mujeres o el sufragio universal, que durante muchos siglos se consideraron heréticos, pero ahora es imposible imaginar un mundo sin ellas.

Desde luego que la idea de recibir dinero gratis suena muy atractiva, pero el gran cuestionamiento es cómo financiarlo. Martin Brabec y Marek Hrubec enumeran diversas fuentes de financiación para el ingreso básico: el impuesto ambiental, el impuesto sobre los robots y la automatización, el impuesto Tobin a la especulación financiera o la rentabilidad de las empresas estatales. Hay quienes incluso sostienen que debería financiarse con las exorbitantes ganancias de las empresas de Inteligencia Artificial.   

En vista de la evidencia disponible, podemos concluir con el Dr. Tan Kwan Hong, que la pregunta sobre si el ingreso básico es la solución a la pérdida de empleo ocasionada por la robótica y la IA no admite una respuesta concluyente.

Aunque la experiencia sugiere que la automatización es una fuerza poderosa que está transformando los mercados laborales, aún no ocurre la hecatombe del empleo.

En ese contexto, el ingreso básico ofrece una perspectiva convincente para abordar esta situación al proporcionar una base de seguridad económica ante un futuro incierto, aunque dista de ser una solución mágica y quizás no sea la panacea.

El éxito de su eventual implementación dependerá de un diseño cuidadoso y contextualizado, así como su integración con otras políticas orientadas al futuro y un nuevo contrato social para garantizar que el progreso tecnológico contribuya al bienestar humano en su conjunto.

Cookies user preferences
We use cookies to ensure you to get the best experience on our website. If you decline the use of cookies, this website may not function as expected.
Accept all
Decline all
Analytics
Tools used to analyze the data to measure the effectiveness of a website and to understand how it works.
Google Analytics
Accept
Decline
Unknown
Unknown
Accept
Decline
Save